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¿La inversión sostenible puede ser rentable?

Ahorro y Finanzas · 9 septiembre 2021

Cuestiones como la transición energética, las energías limpias o el impacto social están en boca de académicos, gobiernos y empresas de todo el mundo. Cada año cientos de millones de dólares se invierten con criterios de sostenibilidad a lo largo y ancho del planeta. La inversión sostenible está de moda, pero ¿es rentable?

Durante 2020 la inversión bajo criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) superó los 1,7 billones de dólares según datos de Morningstar, proveedor de análisis y evaluaciones de productos financieros. Una cantidad que equivale a todo el PIB de Rusia.

Los inversores se muestran cada vez más interesados en incluir en sus carteras factores medioambientales, sociales y de gobernanza. La inversión responsable está siendo aupada por las nuevas generaciones más sensibilizadas por los impactos sociales y ambientales que exigen un equilibrio entre creación de riqueza, protección del entorno y compromiso social. Más de la mitad (52%) de los millennials (personas de entre 18 y 35 años) invierte a menudo o siempre en fondos ESG, en comparación con el 40% de la Generación X (36 a 50 años) y el 31% de la generación del Baby Boom (51 a 69 años).

 

Rentabilidad financiera y social

La filosofía de inversión ESG es aplicable a todos los productos financieros, ya sean fondos, planes de pensiones individuales y de empleo, seguros de vida y sociedades o fondos de capital riesgo. Al igual que en cualquier otra inversión financiera, un producto ESG puede invertir en activos monetarios (letras del tesoro, pagarés de empresa), renta fija (deuda pública: bonos y obligaciones; bonos y obligaciones de empresa) o renta variable (acciones). Además, existen también los fondos temáticos que invierten directamente en sostenibilidad buscando la rentabilidad tanto financiera como social.

 

Los activos invertidos bajo criterios de sostenibilidad supondrán en 2025 al menos la mitad de todos los gestionados profesionalmente en el mundo

Tres cuartas partes de los inversores profesionales ya tienen en cuenta factores como las emisiones de CO2, la privacidad de los consumidores, las condiciones laborales o el grado de transparencia a la hora de decidir el destino del dinero. Los activos invertidos bajo criterios de sostenibilidad supondrán en 2025 al menos la mitad de todos los gestionados profesionalmente en el mundo, según datos de la consultora Deloitte. A estos fondos hay que añadir los llamados bonos verdes que empresas y gobiernos emiten para, por ejemplo, financiar los planes de transición ecológica y que se han incrementado hasta alcanzar casi el billón de dólares.

Un mercado gigantesco y con futuro

Los expertos afirman que nos encontramos ante un gigantesco mercado. Estados Unidos se ha comprometido a reducir a la mitad las emisiones de CO2 para el año 2030 y no es un caso aislado, tanto Canadá como Japón se han fijado recortes de entre el 40 y 46% y Reino Unido de casi el 80% para el 2035, incluso China, el país más contaminante del planeta quiere alcanzar las cero emisiones netas para 2060.

Los compromisos de los grandes países por reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera vienen acompañados de grandes inversiones públicas y privadas.

La Unión Europea acaba de anunciar que se pondrá en marcha una revisión completa de la legislación comunitaria para teñirla de verde y se ha comprometido a desarrollar mecanismos e instrumentos que permitan incrementar la inversión en proyectos medioambientales con un importe de al menos 350.000 millones de euros anuales durante la próxima década. Los grandes planes de los gobiernos en este sentido propician además nuevas regulaciones como límites de emisiones para empresas y nuevos impuestos como un arancel fronterizo al carbono para los productos importados. Estos compromisos van a requerir muchos cambios políticos y enormes paquetes económicos.

Las empresas que no se preocupen hoy día por las cuestiones ESG pueden ver seriamente castigadas sus cuentas de resultados

En medio de este panorama las empresas que no se preocupen hoy día por las cuestiones ESG pueden ver castigadas sus cuentas de resultados. Por el contrario, aquellas que sepan desenvolverse en este ecosistema verde estarán mejor posicionadas en un mercado multimillonario donde tendrán mucho peso las exigencias medioambientales de los consumidores, las inversiones públicas y los nuevos incentivos fiscales.

Las compañías deben tener por tanto muy en consideración las cuestiones ESG: el factor ambiental (E), para tomar decisiones en función de cómo afectan sus actividades en el medio ambiente. El factor social (S), para tener en cuenta la repercusión que tienen en la comunidad las actividades desempeñadas por la compañía, por ejemplo, en términos de diversidad, derechos humanos o cuidados sanitarios. Y el factor de gobierno (G), que estudia el impacto que tienen los propios accionistas y la administración, y se basa en cuestiones como la estructura de los consejos de administración, los derechos de los accionistas o la transparencia, entre otros.

El año 2020, marcado por la pandemia del COVID 19 y la crisis económica y social a nivel mundial, ha propiciado un mayor escrutinio de los temas ESG por parte de los inversores institucionales. Tener en cuenta criterios ESG es una manera de componer carteras robustas y con potencial.  Así lo recoge el último Observatorio de la Inversión ESG, publicado en marzo de 2021. Este informe señala que el pasado año, los mayores gestores de activos a nivel mundial se dirigieron “hacia una casi completa integración de los factores ESG en sus políticas de inversión”.